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Roberto Hernández, de las puertas de Grandes Ligas a un batey espirituano

Roberto Hernández logró un contrato con los Indios de Cleveland, pero decidió regresar a Cuba. Foto: Elsa Ramos/ Facebook.

Con 15 años de edad y un montón de sueños a cuestas, Roberto Hernández Navarro, salió de Cuba con su brazo de lanzar enfocado hacia las Grandes Ligas de Estados Unidos. Tras lograr un contrato de 320 mil dólares con un equipo de la gran carpa, Robertico, como le conocen, volteó su viaje.

Cerró las puertas del llamado paraíso beisbolero del mundo y abrió otra vez las de su casa en Batey Colorado, un anónimo caserío de Yaguajay. ¿Qué motivó a un niño de 17 años a un cambio tan brusco? Subimos al box e intentamos lanzar con él.

“Decido salir del país con mi papá, todo fue legal, en busca de sacar a mi familia adelante, en busca del béisbol profesional”, cuenta.

La historia de Roberto comienza cuando con solo 15 años, hizo el “Cuba” y fue noticia al ganarle a Estados Unidos en el Panamericano juvenil. Luego hizo lo que otros tantos peloteros cubanos: enrumbar sus pasos hacia República Dominicana, uno de los emporios de las Ligas Mayores.

“Comencé a entrenar en un área en la provincia de Bonao, estuve como un año y tres meses, ahí me vieron los scouts que viajan por todo América Latina buscando prospectos, me hacían mucho seguimiento. Lo hacen cada vez que llega un venezolano o cubano que sabemos jugar. Me hicieron varias pruebas de velocidad contra bateadores, videos, entrevistas para hablar de la familia, vieron mis condiciones, resultados y me firmaron con los Indios de Cleveland”.

“Tenía varias ofertas, pero como los Indios hay pocos, no solo se basan en el desarrollo del pelotero sino en el bienestar, en el aspecto de la familia. El contrato fue de 320 mil dólares y las perspectivas siempre fueron desarrollarme para llevarme a las Grandes Ligas en el menor tiempo posible”.

Su caso no se inscribe en el de varios peloteros cubanos, más de treinta, que en los últimos tiempos han regresado por no conseguir un contrato o por no vivir el sueño que imaginaron.

“Sí, se oyen muchos casos de peloteros con problemas, pero conmigo no fue así, después que firmé estuve de lleno en la organización, en la Academia Chiki Mejías, que se encargaba de toda la alimentación, las proteínas para mantenerme saludable”.

En Dominica jugó la última temporada. Archivó seis salidas como abridor, con dos triunfos y dos reveses, 2.15 de pcl y 49 ponches en 45 ining por lo que participó en el Juego de las Estrellas.

“En ese juego retiré un inning con cuatro lanzamientos, que decir eso allí es increíble. Estando en Cuba llegué a tirar 90 millas, allá llegué hasta 93-94 y sostenida de 90-92. Al principio no era un lanzador que tiraba duro, ni de gran velocidad, mi plato fuerte era el control, estaba flaquito, chiquito. Al segundo año en la EIDE me lesioné en el codo, perdí un año entero, entonces me fortalecí, regresé un poco más grande y fuerte”.

Quedarse en República Dominicaba y apostar por millones de dólares en Estados Unidos o regresar a Cuba diciendo adiós a todo: ese fue el dilema que le desveló por unos dos años.

“No es secreto que el béisbol norteamericano es el mejor pagado del mundo y que con mis condiciones podía tener un buen contrato, pero para mí lo más importante es mi familia, estar en mi casa, por eso decidí regresar a mi país y no alejarme más de él”.

¿Contaste bien los miles que te dieron y los millones posibles?

Pensé que, sí, podía tener toda la fama del mundo, dinero, carros, joyas… pero no iba a tener el apoyo de mi familia tan cerca como aquí cuando pitchaba en los juveniles, en el Cuba, tengo un niño de unos dos meses, eso también me llevó a tomar esa decisión, no quiero que mi bebé pase su infancia lejos de su padre…

Pero con tanto dinero podías llevártelos después…

Hubo esa mentalidad, pero mi abuelita nunca quiso abandonar la casa donde creció en el bateicito, por ella creo que también regresé y le agradezco porque luego de casi dos años me abrió los ojos y me hizo entender que mi futuro no estaba allá.

¿Qué tanto te desveló ese pensamiento?

Es algo difícil, había muchas perspectivas trazadas a nombre de Roberto Hernández, la de los entrenadores de todo aquel que me siguió y puso su vista en mí. Pero gracias a Dios, todo salió bien, tuve la oportunidad de sentarme con los altos jefes de mi equipo, entendieron mi situación. Me quedé con todo el dinero, pensé que me iban a perjudicar, pero me dieron la oportunidad de estar libre, me dijeron que me cuidara el brazo y que jugara en el béisbol cubano que tenía mucho futuro, al final vieron que era un muchacho de casa, que podía tener todas las condiciones del mundo para llegar a las Grandes Ligas, pero si no tenía el apoyo de mi familia era algo imposible, entonces rompí el contrato y ya.

¿No pensaste que se iban de la mano millones de pesos y se te cerraban para siempre las puertas de las Grandes Ligas?

Claro que eso le pasa por la cabeza a todo el mundo, pero para mí no es lo más importante, nunca he tenido nada, me críe en el seno de una familia humilde y aunque tenga que seguir así lo principal es que voy a estar con ellos en las buenas y en los malas. Fue algo que con el paso de los días fue chocándome en la mente. No fue algo que decidí solo, porque como dices soy un muchacho de 17 años, fue algo que hablamos entre familia, con mi esposa y llegamos a la conclusión que lo principal es estar unidos.

Sé que con esa decisión se me iban a cerrar las puertas del béisbol norteamericano, fue algo que analicé bien, pero… Allá muchas veces con mi papá nos trancábamos a llorar dentro de un cuarto, pensaba en lo difícil de dejar la familia, los amigos, los viajes para la playa…eso que uno disfruta mucho estando aquí.

Como la libertad de este país no la hay en ningún lado… es como que uno se aburre de aquellas cosas, los primeros meses está bien. El Internet… tenía muchas condiciones que no tengo aquí, pero cuando chocas de lleno con la realidad es muy fuerte.

¿Qué realidad?

¿La realidad…? Eso de no estar con la familia, de no ir al río o jugar dominó, que me encanta, no tenía la libertad de poder salir por ahí, son cosas que uno dice ¡coño! No hay comparación porque allá hay más desarrollo, pero yo no soy así.

Fueron difíciles los primeros meses cuando decidí salir con mi papá, después uno se va adaptando, pero luego él regresó y no es fácil llegar a una habitación en la noche y no tener con quién hablar de los éxitos, de los fracasos, estar comunicándonos por correo o con lo que pueda. Cuando me dijeron que iba al Juego de Estrellas no tuve con quien disfrutar bien esa noticia. A veces uno quiere darle un beso y un abrazo a esa persona que quieres para poder celebrar juntos y tuve que conformarme con enviar un correo para decirlo a la familia.. Eso de ver a mi gente por Facebook y no poder abrazarlos es algo que no le deseo a nadie”.

¿Sabes que muchos dicen que estás loco?

Muchas personas piensan de esa forma, es porque son así. No puedo meterme en sus cabezas y abrirle el pensamiento, yo tenía ese pensamiento cuando decidí salir de aquí. Pero cuando caí en la realidad y me conocí bien, tomé esta decisión.

¿Tu primer pie en Cuba?

Fue como soltar un peso…me sentí libre de nuevo, regresé a mi casa, me quité los zapatos y salí descalzo a saludar a todo el mundo, estaba hasta con los ojos aguados porque fue algo increíble. Desde que puse un pie en el aeropuerto ha sido todo alegría. Conocer a mi bebé fue una sensación única en la vida.

Vi un partido de los gallos de Sancti Spíritus contra Ciego de Ávila en Trinidad y al estar con los muchachos… fue algo que hacía tiempo no vivía y me recordó quién soy en verdad, qué le debo al equipo de Sancti Spíritus. Quiero regresar con ellos, poner de mi parte, mi esfuerzo, a tratar de ayudarlos y sentirme en familia como siempre fue.

Uno viene pensando ¿Cómo me recibirán?, pero desde que llegué fue: “Robe, estamos contentos porque regreses e integres el equipo”. Incluso con Nelson Ventura, el comisionado provincial, al principio me dio un poco de pena saludarlo, pero me dijo: “Robe, no tienes que tener pena con nadie, siempre has sido un buen muchacho, una persona de bien, estamos contentísimos con tu regreso, no te cohíbas”. Eso me subió lo ánimos para entrenar más fuerte y enfrentar cualquier cosa.

¿Hablaste con las autoridades?

Tuve la oportunidad de sentarme con el comisionado y varios jefes del béisbol. Sé que no es una cosa solo de la dirección de la pelota, que tiene que ver con la seguridad nacional.

Pero tienes que empezar de cero, en un estadio que nada tiene que ver con el que tenías allá…

Estoy entrando desde hace varios días en el “Luis Torres” de Yaguajay. No tengo las condiciones que tenía cuando estaba en la organización, pero cuando salí de mi casa tenía menos todavía. Algunas veces no tuve pelotas para tirar y tiré hasta con naranja agria como dicen los guajiros. Siempre he luchado con lo que tengo, hago mis cositas solo, sin dejar atrás nada. Estoy más que ansioso porque los Gallos me den la oportunidad, hasta sueño con eso.

Tengo a Roberto Hernández frente a mí. Desenvuelto, alegre, altísimo, fuerte, tierno. Recuento los miles de dólares e imagino los millones. También al estadio de los Indios de Cleveland y al diminuto Batey Colorado, de Yaguajay…. Intento entender y me vuelve el mismo montón de preguntas que él responde igual, de adelante para atrás, de atrás para adelante.

Cuando me vi con todo eso en la mano, dije “¡ño! Nunca tuve nada y tengo todo eso en tan solo un momento”. Pero me di cuenta de que eso no iba a solucionar nada. Iba a seguir con los malestares por las noches, con el mal dormir, no por una cama incómoda, sino por estar lejos de la casa, sin tener a mi abuelita que me prepara la leche todas las noches para dormir… Esa viejita, Fidelina, quería salir por el techo cuando regresé. Ella fue la que me llevó al béisbol. Iba conmigo a los topes, se albergaba conmigo, igual que con mi hermano de once años…Ojalá cada muchacho como yo tuviera el apoyo de una abuelita como la mía.

(Tomado de Cubadebate)

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